Aunque es una tipología que mal utilizada produce un paisaje de baja calidad, recuperamos desde el archivo de obras de conarquitectura tres ejemplos de cómo una promoción de un conjunto de viviendas unifamiliares adosadas o pareadas puede generar más ventajas que inconvenientes: mayor densidad permitiendo un cierto mayor tranquilidad y aislamiento, fácil acceso al jardín y mejor contacto con la naturaleza, individualización al máximo de necesidades energéticas, vigilancia de los niños… mi casa es mi castillo.
8 viviendas unifamiliares en Cizur Menor, Navarra
Jesús Bazal Corrales, Rubén Labiano Novoa y Josetxo Vélaz Ballesteros
En un entorno residencial en las afueras de Pamplona se plantea una propuesta de ordenación de ocho viviendas unifamiliares adosadas en dos hileras de cuatro viviendas cada una. Cuatro viviendas se asientan sobre un sector de suelo y las otras cuatro sobre otro. Se adopta una ordenación que coloca la edificación en la parte norte de las parcelas y el jardín en la parte sur adaptándose a la fuerte pendiente.
Puedes ver en detalle esta obra aquí, publicada en conarquitectura 19.
Viviendas pareadas “Pomaret” en Barcelona
PICHARCHITECTS: Felipe Pich-Aguilera y Teresa Batlle
Tres retos vertebran la propuesta; por un lado la necesidad de dialogar formalmente con una vivienda existente, por otro su integración con el espacio verde colindante y por último la posibilidad de incorporar sistemas pasivos y activos que avancen en el compromiso de la edificación y su sostenibilidad ambiental. La edificación se organiza en tres plantas, una planta sótano de aparcamiento, instalaciones y almacén, una planta baja en donde se distribuye la zona de día y una planta alta de dormitorios y estudio; la adaptación progresiva a la topografía permite una estrecha relación de cada planta con el espacio exterior.
Puedes ver en detalle esta obra aquí, publicada en conarquitectura 48, número sobre eficiencia energética.
Casas patio en Celrà, Girona
bosch.capdeferro arquitectures: Elisabet Capdeferro y Ramon Bosch
El proyecto pretende explorar nuevas posibilidades para las tipologías que conforman la llamada ciudad-jardín. Se trabaja con la idea de promover espacios de intenso encuentro e intercambio entre la casa y el territorio donde se sitúa pero también entre la casa y el medio.
El hecho de que la normativa urbanística local no estableciera un límite a la profundidad edificable en el solar nos permite pensar en unas viviendas de 30 m. de profundidad que incorporan el vacío en su interior, un vacío que se convierte en centro de gravedad de la casa y en foco espacial de todas las estancias que se sitúan a su alrededor. Vacío concebido como intervalo, habitación íntima y privada exterior, fuente de aire y de luz solar.
Puedes ver en detalle esta obra aquí, publicada en conarquitectura 51, número sobre arquitectura residencial.
































